jueves, 28 de febrero de 2013

AJOATAO

Imprescindible. Mientras escribo y pienso estas líneas, mi mente vuela hacia atrás, y me parece ver a mi abuela, mandil en jarras, machacando el ajo, el aceite, la patata y la sal, en aquel mortero de barro de varias décadas, todo con mimo y fuerza al mismo tiempo, con la medida y el tiempo justo. Y me emociono al rcordar cuando al acabar de hacerlo y extenderlo en el plato como se ve en la foto, me daba el mazo del mortero, para relamerlo, y como bien me decía, apurarlo.
    El ajo es algo muy típico de estas tierras. Unido al ajoaceite, un guiso que no es de mis preferidos, aunque uno tiene buena boca y no es muy delicado para la gastronomía, pero que no me termina de convencer, aunque si hay que comerlo, se come. Y no es alioli, ni mahonesa. Es el ajoatao, con esta textura tan especial, y que me encantaba y me encanta rebañar y extender en el pan. Aunque luego te quede el aliento impregnado, pero total, no pienso besar a nadie en la boca, ni que nadie me bese, osea que palante...

     ¡que rico lo hacen las mujeres de antes! también las  de ahora, pero menos. Y que alegría y deleite cuando me aparece sin esperarlo en las casas que me brindan y me regalan su hospitalidad. Y si, si Polo, ya se que tú eres anti-ajo, pero yo soy pro-ajo, y me gustan las cosas que lo llevan. Ahora mismo me comería un poco, aunque por la noche se repite mucho. Una vez una de mis entrañables mujeres de uno de estos pueblos recios, me dijo que me iba a hacer un ajoatao, y me apareció con un cuenco, que al destaparlo llevaba un diente de ajo atado con un hilo jejeje...¡se me quedó una cara! que luego se tornó en felicidad cuando apareció un mortero como este, donde resplandecía este manjar amarillo de peculiar textura que hoy es mi tema y mi antojo.
   

miércoles, 27 de febrero de 2013

FLORENCIA

Mi asignatura pendiente. Mi mayor ilusión, cuando no la única. Todas las personas que la han visitado me lo han dicho, que es maravillosa y eso de "te encantaría". Y mientras, yo me acerco a los cincuenta, y no voy a la ciudad soñada, ni siquiera lo tengo en proyecto.
      Necesito ver esta ciudad. También Siena, Padua y algunas otras. Soy filoitaliano, lo reconozco, lo malo es que una semana seguida de pasta me agobia mucho, y echo de menos mis pataticas al montón y mis cañas frescas con tapa de mis mil y un lugares españoles.
     Firenze. Florencia. Santa María de las Flores. Todo suena aquí a flor. Rosa del renacimiento. Y eso es lo que yo necesito, renacimientos de todo tipo. Ver las obras de Vassari, Miguel Ángel o Giotto. Pasear por la plaza de la Señoría, recorrer la galería de los Uffizi y asomarme a las aguas del río Arno desde el puente viejo, tan viejo, si, pero tan bello.
     Lo dije hace poco. Que quiero ir allí. Y que casi lo necesito. Como Sandra Bullock, que al final va, pero claro eso es cine y las películas no son sino sueños. Y es que la vida a veces es una pesadilla intermitente, un serial de intriga, con escasos capítulos "blancos" o aptos para toda la familia.
     Me gusta esta foto. Espero ver algún día el atardecer en la Toscana. Mientras leeré a Petrarca y Bocaccio, que este si que tenía marcha y le iba el buen rollito. De aquí era Maquiavelo, pero gente maquiavélica ya he tenido bastante, y liantes y fals@s  NO GRACIAS!
   

martes, 26 de febrero de 2013

ANTES DE DORMIRME

Llevo mal lo de dormir fuera de casa. Aunque sea para volver a la que fue mía durante treinta años. No es lógico extrañar tu cama de lustros, no poder conciliar el sueño en las que fueron tus cuatro paredes en las que aguardabas el despertar del día de reyes, los despertares adolescentes para el estudio o los sueños de las madrugadas de noches callejeras.
   Me siento vulnerable. Tal vez por esta eventualidad que se me plantea, y que nunca pensamos que llega. Y gracias que nos llega, pero, a veces es difícil resetear todas estas cosas, cuando las torres de tus raíces se resquebrajan y se vuelven frágiles, tornando a una nueva niñez no aprendida ni esperada, complicada, traicionera y a veces desesperante. Los últimos días de febrero se me están haciendo hostiles estos dos últimos años. La quietud y tranquilidad son mis valores en alza, más deseados, más anhelados, más esquivos.
     Estoy cansado. Supongo que lo acentúa este frío siberiano que corta la piel y aniquila el vaho de calor de la respiración. Los pasillos grises y las batas blancas me roban energía, paciencia y esperanza. El cuento de mi vida avanza sus páginas, componiendo la historia plagada de duendes, bastantes brujas, ningún príncipe o princesa, y si un niño ignorante expuesto a peligros que tal ves solo un ángel de la guarda, o dos o cien, protege.
     Vuelvo y me voy. Una nueva etapa se me abre, sin cerrar otras y lo que es peor, sin abrir las que quiero. Aunque siempre miraré para atrás y para adelante. Por un nuevo día. Por tu tiempo que me das, sin pedir nada a cambio. Por tu interés. Por mi mismo y mi gente. Por las prioridades de verdad, y no las ficticias.
     Ya es martes. Empezará a correr la semana hasta alcanzar el ecuador. Mi memoria me atormenta y al mismo tiempo me serena. Tiempos confusos aún teniendo todo tan claro. Y poniendo los puntos sobre las íes, y lo que es más importante, en lo que es necesario, poner el punto y final.

  Se acabó, porque yo me lo propuse y...y ahora ya mi mundo es otro...
   

viernes, 22 de febrero de 2013

MONSERRAT

 Mi debilidad. Muchos de vosotros tal vez no sabéis que hay una Virgen Dolorosa, que llena de azul el cielo del Viernes Santo de Sevilla, que se llama Monserrat como la patrona catalana, "moreneta" románica del monasterio benedictino del monte serrado.
   Devoción transplantada a la ciudad de las Vírgenes por comerciantes catalanes  hace más de cuatro siglos, que fundaron una hermandad de gloria dedicada a la Virgen de Monserrat, su virgen. Hermandad que como tantas otras acabó siendo de penitencia, aumentando el número de imágenes dolientes con advocaciones de todas partes de España.
    Recuerdos de las tardes de viernes santo. Casi recién levantado del maratón del jueves santo, visitando los pasos por la mañana y la ininterrumpida jornada solapada con la madrugada más larga e intensa del año.
    Tardes de una quietud especial, con el aire ya un poco melancólico de esto que ya se acaba. Y entre los árboles de la Magdalena, capirotes azules y ese calvario con el Gran Poder crucificado que perdona al ladrón convertido y arrepentido. Mujeres vestidas de Verónica y la Fe, como estampas de grabados románticos, de otros tiempos. Y el palio azul, con bambalinas exteriores, único en la ciudad, que cobija esta talla de Gaspar de la Cueva, con intervenciones dicen de Juan de Mesa, de grandes y expresivos ojos, una de mis imágenes preferidas en el quinteto personal de dolorosas: Macarena, Estrella, Amargura, Encarnación y ella, Monserrat del viernes, rodeada de castillos y leones bordados en oro, e incrustados en terciopelo azul intenso, como el anochecer que preludia la gloria del sábado.
   Sonando "Ione", "Soleá dame la mano" o "Madrugá". Clasicismo y estilo para este paradigma de ambas cosas. No hay mejor embajadora de aquellas tierras que tú, dulce madre de las lágrimas. Y cuando el palio entra en la señorial capilla, antigua de los Siete Dolores, casi que para mi ya acabó la semana santa que catorce veces, viví, saboreé y sentí.
     

jueves, 21 de febrero de 2013

IBICENCAS

Hoy toca folklore. Que hace mucho que no lo saco a relucir, y a fin de cuentas es lo mío. Aunque a veces me produzca hartazgo, porque son tantos años ya, tanta dedicación, tanto tiempo robado, tanto tanto...
    Lo mismo que hablé en diciembre de las danzas y el traje de Ibi, uno de mis preferidos, hoy toca el traje femenino ibicenco. Uno de los más peculiares de todo el país, de esa isla, que es la única balear que me queda por visitar, tan peculiar, ancestral y cerrada en sus tradiciones, conviviendo con las más psicodélicas modernidades y similares.
 Los trajes de gala ibicencos son de una riqueza y personalidad fuera de lo común: 
1. El Vestido Blanco: Es el típico de la novia, obviamente de color blanco y se componía de varios refajos, un jubón, el delantal, un mantón y un pañuelo en la cabeza; sus prendas son de oro, con seis o siete semi collares a lo ancho del pecho y dos o tres collares y la cruz con su collar de oro correspondiente, era la dote de la familia para el joven matrimonio; las mangas que tenían botones de oro y los pendientes de filigrana, más los veinticuatro anillos se los regalaba el novio.


2. La Gonella: Es el vestido más antiguo, algunos dicen que es del siglo XVIII aunque hay detalles pueden ser más antiguos. Está compuesto de un refajo, un jubón de lana negra tejida con mangas de satén bordadas con plata y con cintas bastante coloridas, el delantal solía ser dorado y bordado, un mantón y el pañuelo de encaje que se apaña con la cola, todo acompañado por un sombrero negro de fieltro de ala ancha, las cintas que llevaba colgando decían el numero de pretendientes. Junto a sus prendas de coral rojo y plata, compuestas de varios semi collares remataban un collar y una cruz.
La emprendada Ibicenca, su primera función es decorar el traje de baile o de boda, se puede definir como una dote de la familia a la hija que se casa, se pueden encontrar dos tipos de emprendada, la más antigua se compone de plata y coral rojo, esta formada de varias hiladas de collares de coral, los alfileres son redondeados están hechos de plata decorada, la cruz esta hecha de plata muy trabajada con filigrana y con detalles de coral o nácar y piedras preciosas, junto a la cruz esta la 'joia' que es una imagen protegida por vidrio de una virgen.
3. Las variantes: Entre la gonella y el vestido blanco se componen con un refajo, un jubón de lana negra, un delantal colorido y un mantón que hace al mismo tiempo de pañuelo, una manera mas de vestir la parte alta, sus prendas son de oro, con unos cuantos semi collares a lo ancho del pecho y dos o tres collares con el collar de oro y la cruz.

La emprendada mas popular está hecha en oro laminado y trabajado con filigrana, formado por el Collaret que es un collar de dos hiladas de piezas bicónicas, sa creu es un colgante en forma de cruz y la 'joia', una pareja de alfileres rectangulares decorados y varias hiladas de cordoncillo. La emprendada culmina con 'sa joia' (la joya), es un relicario con vidriera y con una estampa que representa una virgen, suele estar adornada con detalles de filigrana y piedras preciosas y colgada con dos cadenillas de oro.

  Recuerdo, cuando hace años coincidí con un grupo ibicenco en un festival en Valdepeñas, y me explicaban el ritual de sus trajes y aderezos. Siempre pedían una caja fuerte a los organizadores de los festivales, porque al valor intrínseco de los kilos de oro que portan, está el hecho de que suelen ser herencias familiares, transmitidas siglo a siglo. Y yo le dije a la directora. ¿porque no los lleváis de imitación? y ella muy pausada, me dijo: "de imitación no tendría gracia" jejeje, y lleva razón, no hay nada como lo original, en todos los aspectos.
  Mi padre vió bailar a estas payesas in situ en los primeros cuarenta del siglo pasado, antes de la invasión de turistas y moda ad-lib. Puede que algun día yo vea a los descendientes de aquellos ibicicencos, bailar, vigorosos ellos al ritmo de sus enormes castañuelas, mientras ellas se mueven en cadencioso baile de pequeños pasos como si muñecas de cuerda fuesen.
   

miércoles, 20 de febrero de 2013

CUSCÚS

O cous cous. Mira que me he puesto hoy exótico. Porque este plato lo he comido unas tres veces en mi vida, y mira que me gusta. Un "cocido" árabe, que descubrí con el inolvidable Juanjo en Alicante,  punto de llegada y salida de gentes de Orán, y que es uno de los guisos foráneos que más me gustan. Un par de veces lo probé en esta ciudad, y otra en Valencia, hecho por una francesa de la que si quiero acordarme y a la que echo mucho de menos...
   El cuscús son pequeños granos de sémola de trigo, de un tamaño y molienda especial. Como soy tan pastero y tan poco delicado me encanta; porque me acuerdo de aquellas sopas o casi purés de sémolas de arroz en pasados días de Egb, como este, frío y mojado.
 La sémola de trigo se cocina en una cuscusera especial que, como las vaporeras tiene un colador por encima de la cazuela. En la parte de abajo se prepara un estofado de carne con verduras, de la que el cuscús es guarnición. Al final, tras varias horas de vaporizarlo, removiendo y rectificando lo necesario, se consigue una pasta suelta, vaporosa y desbordante de aroma.Dependiendo del país el cuscús se prepara de una forma u otra. Pero normalmente se hace para acompañar platos de cordero, pollo (típico de Marruecos) y verduras, todo acompañado del indispensable harissa, puré de pimientos rojos picantes secos.
El cuscús fue un plato muy apreciado en Al-Ándalus y entre la población morisca durante los siglos posteriores, como lo muestra el hecho de que en castellano antiguo exista una denominación para este plato: alcuzcuz. En el Quijote se menciona indirectamente, cuando, en el capítulo 9 de la Primera parte, el narrador contrata a un morisco para traducir del árabe unos manuscritos sobre don Quijote a cambio de «dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo». Francisco Rico, en su edición de la novela, comenta a propósito de este pasaje: «Con las pasas y la sémola del trigo se preparaba el alcuzcuz, plato muy apreciado por los moros».

  Ahora que han puesto una casa de comida árabe aquí, tal vez me anime a probarlo de nuevo, pero no en soledad, porque esto es manjar recio para una sola persona...¿quien se anima?

martes, 19 de febrero de 2013

EL LADO BUENO DE LAS COSAS

Tengo que ir más al cine. Pero tengo tan poco tiempo para mi y mis cosas, que es complicado. Pero no hay nada como el ritual de ver la pantalla gigante, con sus personas acomodándose y siendo observantes y observadas, con las palomitas rebosando ese recipiente de cartón que se desparrama, y esa magia que hace la grandiosa oscuridad, la magia del celuloide.
    Mi última peli ha sido esta titulada como el post de hoy. Y la verdad que me ha encantado. Por las circunstancias, por la compañía, por todo. Una gran historia, unos buenos actores, un buen argumento y sobre todo el salir de la proyección con una sonrisa, y en mi caso, y mira que es difícil, un atisbo de optimismo.
    Porque va a ser verdad que hasta las cosas malas tienen su lado bueno. Como esos jarros de agua fría que otros, nos arrojan sin piedad ni consideración, que al principio te empapan hasta la pulmonía, y a fuerza de costumbre, se secan casi automáticamente, sin dejar secuelas. Porque lo negativo enseñe y aprende, aunque a veces nuestra cuota de cosas "malas" esté sobradamente amortizada.
   La pena es que como dice el slogan de esta película "el amor duele", más que el desamor, paradójico. Nos movemos por amor, o por cosas que confundimos con él, porque es especialista en trastocar, confundir y distorsionar. Como a veces lo es la red, que magnifica, maquilla y engaña, en personas o "personajes" que de ella se aprovechan para crear artificios e imposturas.
     Miremos el lado bueno. Aunque sea pequeño, casi ínfimo. Habrá que encontrarlo, y sino inventarlo. Y seguir para adelante, esperando solo la Esperanza verdadera, la que sale bajo palio entre incienso y azahares, y el despertar de una primavera cada vez más próxima, más fácil de tocar con los dedos del alma.
    Fuera llueve. La lluvia además de ser un impedimento para andar, circular y más cosas, es también beneficiosa y necesaria...¿lo veis? estoy empezando a buscar ese halo de bondad y positividad, porque sino mal voy, mal vamos.