Arcángel alado, escudo y espada, demonio vencido. Quien como Dios, sale de las cuevas y las oscuridades, para vencer tinieblas y maldades y hacer ganar la luz y la claridad.
Me gusta este santo ángel, capitán de las legiones celestes, ataviado a la romana. Miguel es uno de mis nombres preferidos, además de los tradicionales de mi familia, de mis antepasados y ahora de mi sobrino más pillo y guapo. Con lanza o espada se corta este día que va cerrando el septiembre de feria y post-feria, oliendo a mosto y anunciando azafranes y amarillas hojas, cuando no cartas...
San Miguel de Jerez. Plaza de tronío por los cuatro costados, monumental fachada, regio interior, retablos de imposible ingeniería y dorado. Sones de bulería y gitanerías en el sanmiguel de la Frontera.
San Miguel de Murcia. Retablo de los retablos barrocos murcianos, en la peatonal calle, aledaña a San Esteban. Altar de estípites y elegancias en mi Murcia querida, añorada, siempre barroca, siempre mía.
San Miguel de Córdoba entre Tendillas y Cruz Conde. Gótico fernandino en mis paseos matutinos de la ciudad soñada y añorada, en mi meca, en mi meta. Acompañado de San Rafael, formando el más celestial dúo de arcángeles y protectores, oliendo a azahares, a pisto y ojos negros.
San Miguel de los Reyes de Valencia. Joya escondida en la Valencia antaño extramuros, biblioteca y monasterio de grandeza y empaque. Hallazgo y sorpresa en esta ciudad donde me siento siempre menos desamparado, porque allí está la que todo lo puede, entre ángeles, entre inocentes, entre oraciones.
San Miguel de Corral-Rubio. Pequeña parroquia del pueblo vecino, casi-enemigo, donde este día es grande a pesar de ser el pueblo pequeño. Que razón tuvieron los corralrubenses, súbditos del marquesado de Villena, cuando patrón le hicieron. Bonita talla, alado doncel, entre flores y casi siempre lluvias.
San Miguel de Abengibre, pasado al domingo entre poesías, moros, cristianos y amigos. San Miguel de Alcaraz de mi linaje, parroquia rojiza en la calle mayor por la que pasa la Virgen de Cortes de ida y vuelta, con la talla de Roque López airosa y elegante. San Miguel siempre en septiembre, 29 oraciones y batallas, 29 rezos, entre ermitas y estampas y quizá algún día alguien me lleve a Mont Saint Michel, allá en lo alto, sin necesidad de peleas ni demonios, del cuerpo y del alma.
jueves, 29 de septiembre de 2011
miércoles, 28 de septiembre de 2011
MORADO Y VERDE
Morado y verde. Grano y hoja.
Mosto primerizo. Vino de tierra.
Cepa y parra. Surco y viña.
Veranico de los membrillos.
Otoño de conservas y bodegas.
Pronto otro morado y verde.
Hebra roja de punta amarilla.
Bollos bañados en mosto.
Temores bañados en sudores.
Cesto y tijeras. Guardo y corto.
Vendimia de mis pesares.
Labranza de decepciones.
Pisando uvas de la ira.
A veces dan sangre, a veces vino.
Morado y Verde.
Nazareno y Esperanza.
Azul y Oro.
Cielo y Soles.
Morado y verde.
es mejor ponerse lo primero
que que te pongan lo segundo.
Morado de hoja muerta
Verde de racimo nuevo.
De todo hay en la viña del Señor,
morado y verde...
lunes, 26 de septiembre de 2011
TURCA
"no es lo mismo ser una turca que estar turca, ni estar turca que estar en Turquía"
Los lunes son días para el turquismo, aunque serían mejor para estar disfrutando de los atardeceres del Bósforo, la amanecida en la Mezquita azul y los paseos por los bazares. Estar turc@ es ver la vida en blanco y negro, cuando Turquía es la mayor explosión de colores posible, en las bolsas de las especias del bazar egipcio, o las alfombras y almohadas de la Anatolia. Ser un turc@ es vivir encerrado en el harén de Topkapi, viendo tras la celosía el resto del mundo y de la vida, y también pasar por el Gran Bazar sin comprar las gangas, sin saber regatear, valorar ni escoger.
Turco fue un pececillo que murió. Turcas han sido y son muchas de las personas de ambos sexos que pasaron por tu vida y por la mía, dejándonos más agris que dulces, borrando colores y palabras, y contagiándonos ese estado especial que sólo conocemos los más templetillomilitantes, que no es nostalgia ni pena ni tristeza ni apatía, es simplemente: turquería.
Y yo la padezco ahora en estado casi febril, que ni he escrito de la Virgen de las Angustias de Granada este año, ¡como estará mi cabeza! pero no me he olvidado de Ella, porque Madre solo hay dos, la mía y la del Cielo y a tí, osea a toda turca que se precie, ¡que te encontré en la calle!
Turqueando, mientras el lunes se cuela poco a poco trayéndome recuerdos de domingos no tan lejanos de llegadas a la estación y despedidas atochares. Pero eran otros tiempo, otr@s turc@s...
Los lunes son días para el turquismo, aunque serían mejor para estar disfrutando de los atardeceres del Bósforo, la amanecida en la Mezquita azul y los paseos por los bazares. Estar turc@ es ver la vida en blanco y negro, cuando Turquía es la mayor explosión de colores posible, en las bolsas de las especias del bazar egipcio, o las alfombras y almohadas de la Anatolia. Ser un turc@ es vivir encerrado en el harén de Topkapi, viendo tras la celosía el resto del mundo y de la vida, y también pasar por el Gran Bazar sin comprar las gangas, sin saber regatear, valorar ni escoger.
Turco fue un pececillo que murió. Turcas han sido y son muchas de las personas de ambos sexos que pasaron por tu vida y por la mía, dejándonos más agris que dulces, borrando colores y palabras, y contagiándonos ese estado especial que sólo conocemos los más templetillomilitantes, que no es nostalgia ni pena ni tristeza ni apatía, es simplemente: turquería.
Y yo la padezco ahora en estado casi febril, que ni he escrito de la Virgen de las Angustias de Granada este año, ¡como estará mi cabeza! pero no me he olvidado de Ella, porque Madre solo hay dos, la mía y la del Cielo y a tí, osea a toda turca que se precie, ¡que te encontré en la calle!
Turqueando, mientras el lunes se cuela poco a poco trayéndome recuerdos de domingos no tan lejanos de llegadas a la estación y despedidas atochares. Pero eran otros tiempo, otr@s turc@s...
viernes, 23 de septiembre de 2011
MANDO A DISTANCIA
Hay truenos a los lejos. La tarde se ha puesto gris, amenazando una lluvia que no llegó. Pero el sol se derritió a la hora tercia, como anunciando que ya es otoño, casi invierno. El ruido de los relámpagos contrasta con el silencio de la vacía estancia, roto por la sucesión de cambios de canales del televisor, porque solamente soy dueño de este mando a distancia que manejo a mi antojo, no como el mando sin distancia de los programas de mi vida, de mi existencia y de mis cosas.
Porque se hace cuesta arriba esperar oír algo que nunca se te dice. Por mucha positividad que pongas, por mucho que te quieras, por todo el optimismo que en ello gastes, nadie somos capaces de hacer hablar para escuchar lo que queremos. Y este programa es una sucesión de redifusiones, sin nuevos capítulos, solamente un manido argumento, con algunos cambios de reparto y siempre el mismo desenlace.
Y también es complicado no poder interpretar tu propio guión y que sean los demás los que te lo dicten y marquen. La trama casi nunca cambia, aunque a veces la cabecera diera que pensar en que sí. Y así pasa, que cuando las series de la vida, repiten tantos capítulos iguales y vacíos, tal vez fuera necesario quitarle definitivamente de la programación...Apagar el mando y quien sabe si romper la tele.
Ya no quedan días de verano. El gris y la desesperanza me envuelven, el miedo a un nuevo curso, un nuevo año. Espero que no haya nuevos capítulos, porque ya no confío en la película redonda de argumento y actores. Me siento cautivo de mí mismo, de mis pasadas emisiones, de imágenes en blanco y negro. Y como cautivo, me encomiendo a la redentora de prisioneros en su festiva víspera, Señora de la Merced y Mercedes, libertadora de cárceles de dudas y desilusiones.
Mientras, ¿sigo cambiando de canal?
Porque se hace cuesta arriba esperar oír algo que nunca se te dice. Por mucha positividad que pongas, por mucho que te quieras, por todo el optimismo que en ello gastes, nadie somos capaces de hacer hablar para escuchar lo que queremos. Y este programa es una sucesión de redifusiones, sin nuevos capítulos, solamente un manido argumento, con algunos cambios de reparto y siempre el mismo desenlace.
Y también es complicado no poder interpretar tu propio guión y que sean los demás los que te lo dicten y marquen. La trama casi nunca cambia, aunque a veces la cabecera diera que pensar en que sí. Y así pasa, que cuando las series de la vida, repiten tantos capítulos iguales y vacíos, tal vez fuera necesario quitarle definitivamente de la programación...Apagar el mando y quien sabe si romper la tele.
Ya no quedan días de verano. El gris y la desesperanza me envuelven, el miedo a un nuevo curso, un nuevo año. Espero que no haya nuevos capítulos, porque ya no confío en la película redonda de argumento y actores. Me siento cautivo de mí mismo, de mis pasadas emisiones, de imágenes en blanco y negro. Y como cautivo, me encomiendo a la redentora de prisioneros en su festiva víspera, Señora de la Merced y Mercedes, libertadora de cárceles de dudas y desilusiones.
Mientras, ¿sigo cambiando de canal?
miércoles, 21 de septiembre de 2011
VIRGEN, FERIA, MUNERA
21 de septiembre. Renovación del Voto de la villa de Munera a la Virgen de la Fuente, desde 1.756. Desde entonces el día de San Mateo es el día grande de este pueblo, junto con el de San Isidro.
La patrona munereña se pasea desde su ermita hasta la parroquia en unas señoriales andas hechas en Sevilla, caoba y dorado, para mí, de las mejores de la provincia. Con su manto, bien blanco bien verde, hechos ambos por manos exquisitas de convento jienense. Le tengo cariño a este Virgen, fuente de todas las gracias, agua reparadora, que conocí en años de colegio en su coqueta ermita, a la sombra del molino de la Bella Quiteria, y que me acompaña semana a semana, desde hace casi veinticinco años.
Y no son fiestas patronales, que es feria. Para los pueblos aledaños que en tiempos pasados no podían ir a la de la capital, esta era su feria, por su variado y amplio paseo ferial y sobre todo sus espectáculos taurinos, de primera fila. Feria casi siempre con frío y pasada por agua, paréntesis en aquellos tiempos en los que el viñedo invadía tierras y horizontes.
Huele ya a Otoño. Munera la bella, parada entre La Mancha y la Sierra, entre campos de Montiel y ruidereñas lagunas, se vestirá de amarillos y grises, mientras los días se acortan. Tal vez algún campo se vista de morado, como gritando por la rosa azafranera, ya casi perdida. Y el castillo de la Encantá, y la torre de San Sebastián, como vigías del camino y el caminante, y de ese vado de agua, del río Córcoles, que el día veinticinco pisarán los pies desnudos que devolverán a la Señora de la Fuente y la Vida, a su ermita escondida, aguardando los silencios de las soledades del invierno, y añorando los azules y risas de mayo.
La patrona munereña se pasea desde su ermita hasta la parroquia en unas señoriales andas hechas en Sevilla, caoba y dorado, para mí, de las mejores de la provincia. Con su manto, bien blanco bien verde, hechos ambos por manos exquisitas de convento jienense. Le tengo cariño a este Virgen, fuente de todas las gracias, agua reparadora, que conocí en años de colegio en su coqueta ermita, a la sombra del molino de la Bella Quiteria, y que me acompaña semana a semana, desde hace casi veinticinco años.
Y no son fiestas patronales, que es feria. Para los pueblos aledaños que en tiempos pasados no podían ir a la de la capital, esta era su feria, por su variado y amplio paseo ferial y sobre todo sus espectáculos taurinos, de primera fila. Feria casi siempre con frío y pasada por agua, paréntesis en aquellos tiempos en los que el viñedo invadía tierras y horizontes.
Huele ya a Otoño. Munera la bella, parada entre La Mancha y la Sierra, entre campos de Montiel y ruidereñas lagunas, se vestirá de amarillos y grises, mientras los días se acortan. Tal vez algún campo se vista de morado, como gritando por la rosa azafranera, ya casi perdida. Y el castillo de la Encantá, y la torre de San Sebastián, como vigías del camino y el caminante, y de ese vado de agua, del río Córcoles, que el día veinticinco pisarán los pies desnudos que devolverán a la Señora de la Fuente y la Vida, a su ermita escondida, aguardando los silencios de las soledades del invierno, y añorando los azules y risas de mayo.
lunes, 19 de septiembre de 2011
CERRANDO...
Pasó el verano y acabó la feria. Comienza el año en esta ciudad que es a veces sólo dormitorio y hogar esperado, en los largos y oscuros días de invierno, carretera arriba, carretera abajo, y en los días de inactividad de verano, un lugar de puertas y ventanas abiertas, de calor sin color, con la sensación de diferentes tiempos.
San Mateo se nos asoma en los estertores festivos, empujado por San Miguel que en unos días cerrará tratos y echará la llave al mes. Como ayer la alcaldesa echó el cierre a la puerta de hierros de nuestra Feria, no sé si San Miguel o quien, cierra también la puerta que tenía entreabierta a nuevos proyectos, a nuevos elementos, que como viene siendo habitual siempre, me salen torcidos, frustrados e incluso crueles.
No sé si abrir o cerrar esta casa de aire y sentimientos. Los muros de la lucha diaria caen poco a poco sin necesidad de trompetas de Jericó que los echen abajo. Es el tiempo y la percepción de gastarlo y sobre todo de malgastarlo lo que hace que cueste arrancar, andar y luchar. Al menos a mí, que siento como el mundo gira a no se sabe donde, en este futuro incierto, de la crisis, que espero que sea una más en el ciclo vital de la historia, que veo cada vez más real y complicada. Pero como macareno que soy, siempre tengo esperanza, aunque en pequeñas dosis. El verde es escaso, pero ahí está.
Distancias, lejanías de quienes no están solos, pero les han dejado así sus mitades y parejas por trabajos y obligaciones. Pero es peor no tener distancia con nada ni nadie, porque el espacio y el tiempo así se desbordan, y terminan por ahogarnos un poco, en la inmensidad de días acortados y noches de cama solitaria, cuerpo tapado ya y con ventana cerrada, persiana baja, con alguna rendija donde entre el sol, y quien sabe si algo de luz.
San Mateo se nos asoma en los estertores festivos, empujado por San Miguel que en unos días cerrará tratos y echará la llave al mes. Como ayer la alcaldesa echó el cierre a la puerta de hierros de nuestra Feria, no sé si San Miguel o quien, cierra también la puerta que tenía entreabierta a nuevos proyectos, a nuevos elementos, que como viene siendo habitual siempre, me salen torcidos, frustrados e incluso crueles.
No sé si abrir o cerrar esta casa de aire y sentimientos. Los muros de la lucha diaria caen poco a poco sin necesidad de trompetas de Jericó que los echen abajo. Es el tiempo y la percepción de gastarlo y sobre todo de malgastarlo lo que hace que cueste arrancar, andar y luchar. Al menos a mí, que siento como el mundo gira a no se sabe donde, en este futuro incierto, de la crisis, que espero que sea una más en el ciclo vital de la historia, que veo cada vez más real y complicada. Pero como macareno que soy, siempre tengo esperanza, aunque en pequeñas dosis. El verde es escaso, pero ahí está.
Distancias, lejanías de quienes no están solos, pero les han dejado así sus mitades y parejas por trabajos y obligaciones. Pero es peor no tener distancia con nada ni nadie, porque el espacio y el tiempo así se desbordan, y terminan por ahogarnos un poco, en la inmensidad de días acortados y noches de cama solitaria, cuerpo tapado ya y con ventana cerrada, persiana baja, con alguna rendija donde entre el sol, y quien sabe si algo de luz.
viernes, 16 de septiembre de 2011
RECINTO FERIAL
La feria de Albacete es la feria intramuros. Porque para eso tenemos ese recinto único, ese palacio ferial de miles de metros cuadrados, que sólo utilizamos durante diez días, y ya sólo quedan dos. en pleno centro de la ciudad, en las antiguas eras de Santa Catalina, de la que en tiempos habría una ermitica, perdida como casi todo en esta ciudad de tan poco arraigo, de tan dispersa personalidad, de tanto aluvión, y de de tanta destrucción de su historia y pasado, de tan poca valoración de su exigua pero existente historia, esa pobre aldea chinchillana ...El paseo de la feria, a modo de calle del infierno sevillana, es un mero tránsito hasta la meta que son la puerta de hierros y el pincho. Una vez dentro de los muros blancos, es cuando de verdad vivo la feria y me siento dentro y orgulloso de mi feria de redondeles ¡que bonito nombre!, de templete modernista de la música, de talabarteros, de capilla de la patrona vicaria, del salón de los cuchilleros. Mientras huele a bocadillo de morcilla y chorizo en los arcos, a miguelito y café en el círculo interior, y a mojito caribeño adoptado ya como símbolo y bebida de estos díez días de masificación y bacanales. Sol y cielo entre los toldos y soportales de este septiembre feriante, principio y fin del año en esta ciudad, mientas músicas variadas, turrones y gentes adornan e impregnan los rincones y lugares de esta microciudad, de este mundo paralelo que nunca duerme y siempre respira, siempre vive, con la noria gigante como faro y vigía, porque sin noria no hay feria ni ná...
Y yo me he vuelto para casa aun nuevo sueño sin compañía, previa parada en la tómbola de caridad, otro de los iconos de esta fiesta, con mi latica de mejillones y un radio-despertador que ni sé como funciona, enfin...
Y sigo cerrando heridas de nuevos desprecios y perennes decepciones, que pareciera que atrayese, enfin...
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