viernes, 11 de enero de 2013

ATARDECER EN CHIPIONA

Pocos atardeceres tan bellos he visto. Y además vivido. Y casi emocionado. El Atlántico torna el ambiente en un crisol de azules que desembocan en malvas y morados, rasgados con un blanco difuminado con la caída del sol y la luz. La torre gótica se yergue como un nuevo faro frente al otro, con una luz negra pero que resplandeces sobre sobre todas. Atardece en la playa de Regla...
      Suena el silencio. Tal vez alguna campana llamando a rezo. Tal vez la risa de algún niño correteando. Y el arrullo de la espuma, que se bebe el agua y de ella se embebe. La arena se torna en dorado oscuro como envidiando el oro que circunda la silueta de la Morena, que se eleva en su trono, allá al ladito mismo.
     Tres veces he ido. Tres veces la he visto. Tres veces, o tres millones de veces la añoro. La Virgen de Regla, que no de la Regla. Santuario mayor de la provincia gaditana, devoción exportada allende los mares, centro y meca de promesas y devociones. Alto y claro, de un color crema en maridaje perfecto con áureas líneas, en una perfecta sucesión de pináculos y ojivas. La Virgen de Regla asoma su cara negra, pues es negra pero hermosa, al océano del atlante, como su hermana canaria, la Candelaria, que también vive al costado de arena y aguas saladas.
     Puede que algún día vuelva, y entonces veré el anochecer y el alba. Y quien sabe, lo mismo paseo con las primeras luces hasta la cruz del mar, donde se conjuraron las aguas en el maremoto de hace siglos. Podré ver un nuevo crepúsculo aquí, al salir de tu umbral, y asomarme a tu humilladero, Regla bendita.
         Recuerdos, vivencias, emociones. Porque aunque se cierren las puertas, antes o después se abren, y aquí me ha pasado, y a ti también ¿te acuerdas?
       
     Hace una semana la vi. Hace una semana la sentí. Hace una semana la viví. Hace una semana le recé. Hace una semana...

jueves, 10 de enero de 2013

HOY NO QUIERO O...

  Me pasa muchos días. Soy adicto a la cama y al sueño, cuando nada ni nadie me lo hurta, cuando forman simbiosis conmigo y mis circunstancias, en esos momentos en los que espero tranquilidad y placidez. Y lo mismo es que no me quiero levantar, puede ser, porque a veces las sábanas me parapetan del mundo que me espera, de la diaria pelea, de la fatigosa travesía de horas, gentes y kilómetros.
    Malo es no poder y si querer. Y también querer y no poder. Y no poder y no querer. Y no levantar, porque siempre este verbo tiene connotaciones positivas, frente al agachar o bajar, aunque a veces no sé yo ...
     Llevamos días de frío. Es como si el mundo hubiese cambiado el guión desde la semana pasada, en la que por las mañanas había sol y por las noches calor. Encima, una niebla escarchada añade la sensación de desprotección y aumenta las ganas de regresar al hogar de mi lar.
    Hoy no me podía levantar. O más bien me resistía, porque el mal dormir es lo que tiene, que trastoca horarios y sensaciones. Y yo quiero seguir soñando y poderme levantar cuando quiera, porque no haya ningún fin de semana ni nada que me siente fatal, al contrario y no quererme levantar por estar tan a gustico entre mi almohada y mi manta (un día haré un post de las mantas, esas de sofá...)
     A ver si duermo. Y nada ni nadie me roba la quietud  del descanso. Aún quedan días para alcanzar el remanso que espero, sea el fin de semana. Aunque tenía ganas de comenzar mi marcha habitual, pero ahora lo dudo, porque nos acostumbramos pronto a lo bueno y así pasa, que viene el bajón.
      Me sigue doliendo la pierna. La izquierda, a ratos. Ya es la edad, que me ha llegado sin darme casi cuenta. Un miedo más que añadir a mi cuenta de temores, tan presentes, tan humanos. Porque soy demasiado humano, y así se duerme peor y se pasa más peor. Ojalá viviera en un mundo particular de Oz, y fuese de hojalata, para que la piel no doliera, y no hubiera hieles sino mieles.
       Estaros calenticos y a gusto en vuestras camitas, y soñar, y volar...y levantaros cuando os apetezca, con fuerza e ilusiones renovadas. Y sino, quedaros un ratico más, robárselo al tiempo y al mundo.

miércoles, 9 de enero de 2013

LA PRADERA

Simplemente. O la Praderita. Una cantante especial. Sin una gran voz, pero con un gran estilo. Lo que se llama gusto al cantar; una dama de la música que ha tocado las melodías de ida y vuelta, de Perú y Méjico, y las tonadas regionales como el parao mallorquín o el ramilletillo segoviano.
   María Dolores, que tiene nombre de bolero, se dúa con Los Sabandeños o con Cano granaíno y nos eleva el alma con el pasodoble de pasodobles, Islas Canarias, y las gaditanas de la Habana, habaneras de Cádiz, haciendo historia y victoria en la música de raíz popular, pero con estilo, con distinción, como es ella.
  Ella, que fue una actriz de poco renombre, pero que con su peculiar estilo ha sido uno de los iconos de la canción durante décadas, y aún hoy, llegando a los noventa. Traje negro, o poncho, moño o trenza, austero estilismo, puesta en escena única. Con dos guitarras, te pido el tiempo que te quede libre y que me devuelvas el rosario de mi madre, que no hay más que una, y un rosario es más que una joya, más que una rosa.
    Con tu fina estampa iremos amarraditos los dos, oliendo a la flor de la canela. Mientras Cholito toca y retoca, ya se va apagando con las luces navideñas, que aún perduran hasta San Antón.
  ¡ay caballo viejo! que a Dios le pido, que solo sea jugar por jugar, el día que se nos hizo tarde, amor de mis amores. En un escenario en negro, solo destaca su figura, y esa voz de caramelo, que acaricia las melodías, y es que María Dolores, es más suave que Lola, y una voz es siempre mejor que mil silencios.
   La escucho de fondo mientras escribo. Mientras pienso. Mientras vuelvo a la rutina, al oficio, a mis miedos y mis estancias. Ojalá alguna nana acune mi sueño y mi desvelo.
     Y en vez de decirte un piropo, María Dolores, te canto un bolero!

martes, 8 de enero de 2013

REBAJAS

No me gusta ir de compras. A ver, me gusta comprar lo que necesito, o algún capricho, pero no soporto estar una tarde o una mañana entera empleado en eso. Es más, me pongo nervioso, me agobio. Por eso no entiendo esas hordas de gentes que esperan para invadir los locales y lanzarse al abordaje de la pieza abaratada, nunca lo he entendido.
    Viene bien ahorrar. Sobre todo ahora. Tal vez los que tenemos la escuela manchega de ser hormiga lo valoramos más, que las personas compulsivas y un poco cigarras. Uno de estos días saldré a comprarme algún jersey o camisa, si es que me cuadra algo, pero sin matarme.
     No sé si rebaja es sinónimo de recorte. Mira que no era tan fea la palabra recorte: de periódico, de pelo, de otras cosas, pero ahora es igual que nombrar la guadaña que corta de cuajo ayudas, salarios y en muchos casos, ilusiones. Rebajar el vino con gaseosa, rebajar el peso, rebajar el estrés...tantas cosas que hay que bajar para que no sea caro el coste. Pero nunca rebajar el precio del querer, del afecto, y del tiempo dedicado a quien y lo que lo merece. Porque hay cosas que no tienen etiqueta ni precio, y  nunca pierden su valor, porque no se puede medir, pesar ni tocar, pero si sentir.
      Comienza el período de rebajas. De enero. En verano vendrán otras. Ojalá encontréis el objeto deseado, pero no olvidar que los objetos son solo eso y nada más. Ya es martes, en esta semana mutilada con esta fiesta prolongada. Las navidades ya son sólo recuerdo, historia. Para mi, un bello recuerdo y una más bella historia. Tal vez hayan empezado a gustarme...lo mismo si.

        Un treinta, un cincuenta, un ochenta menos. Templetillo sigue con su tarifa y espera no rebajar palabras, pensamientos y emociones. Tal vez distribuirlas mejor, pero es que hay días de todos y mañana será otro.

lunes, 7 de enero de 2013

PRINGÁ

Antes de empezar la consabida dieta posnavideña, aún con el regusto de los manjares degustados en estos días pasados, y observando mis escasos y casi inexistentes reyes, hoy me pringo con pringá.
  La pringá, ese conjunto de carnes cocidas en el puchero, y que en plato de cuchara o en forma del más exquisito paté, es una de mis debilidades de las que la gula me hace rehén y esclavo. Nada como un montadito de pringá con una cerveza fría, o un minimollete como los que hacen en mi ciudad sultana, o ese plato con la carnes, el chorizo, y la morcilla desparramada, primo hermano del tercer plato del cocido recio de esta tierra manchega.
   Dicen que viene de la olla podrida, que para nada tiene que ver con ese nombre, pues es una contracción o simplificación de "poderida", es decir , suculenta, poderosa. Plato que hunde su origen en la adafina sefardí, plato cocinado en las vísperas del sàbat, sin cerdo, claro.
       Pringá sevillana, donde la descubrí. Y lo rica que la hacen por el Puerto y Sanlúcar. Sin olvidarme de la cordobesa manera. Contundente amasijo de sabores, calorías y cocciones. Ideal para el hambre. Como la pringue que se comía en tiempos pasados de otras crisis, con pan, a falta de fiambres y carnes. Pan con pringue...que tanto he oído hablar a mis mayores, de aquellas orzas guardadas en alacenas encaladas flotando entre heladas e inviernos.
     Me gusta la pringá. Lo que no me gusta es ser un pringao. Que mira que suena mal la palabrita. Con lo bien que suena la otra. Y es que no es bueno pringarse en algunas ocasiones, porque la grasa mancha y resbala, a veces para no sacar nada en claro. Y a veces lo soy, bueno, todos lo somos un poco, creo en ocasiones.
      Mañana vuelta a la casi normalidad. Acaban las fiestas, salvo en Valverde del Júcar, primeros moros y cristianos del año, en honor al santo Niño tocado con turbante sarraceno jeje...
   Comienzan en nada los "santos viejos" como les llaman en Ciudad Real, y un enero nuevo, al que cuesta adaptarse y verlo como crece y avanza.
      Buen comienzo de semana. Con el recuerdo de pringás pasadas, oyendo campanas en barrocas torres, o viendo los barcos venir, o al ladito de plazuelas blancas con faroles.

       Y ya sabéis: a partir de hoy estoy a plan y abierto a los buenos planes. Ojalá así sea.

domingo, 6 de enero de 2013

EPIFANÍA

Ya se acaban. Aunque hasta San Antón se prorroguen, pero al menos ya nos libramos de lucecitas, villancicos anglosajonizados y los papaítos noeles infumables. Los reyes magos ponen el cierre a esta quincena ¿mágica? de bacanales gastronómicas, de exaltaciones de la continuada libación y ese consumismo feroz, que decrece por la  maldita y castrante crisis, aunque se aún mantiene.
     Me gustan los reyes. Aunque sean la primera bofetada que te da la vida, el primer chasco, la primera decepción. El conocimiento de esta piadosa mentira es un jarro de agua fría, una toma de conocimiento de que no existen los milagros ni esos superhombres que en una noche recorren y reparten casa por casa los regalos y juguetes soñados.
   No fui un niño caprichoso de los juguetes. Lo que más me gustaba era el Exin castillos con el cual aparte de almenas y torres, me hacía mis proyectos de ermitas jeje Y en mi niñez no había tampoco cabalgata de reyes; esta ciudad mía la dejó perder a principios de los setenta y la recuperó cuando para mi ya no había edad para ninguna inocencia. Y el roscón, ahora se ha popularizado, pero tampoco era algo muy común, casi cuarenta años atrás. Por cierto Polo, el chocolate buenismo jamía, tenía un hambre verbal, gracias jeje
       En el catecismo ponía que hoy era el día de la Epifanía. Nunca entendí muy bien que significaba esta palabra, y a día de hoy tampoco lo tengo muy claro. Para mí es el día de los Reyes, o de la Adoración de los mismos, santo de tantas Doris como hay por estas tierras, que mira que tuvo éxito este nombre, aunque ya se pierda por culpa de las Paulas, Lorenas y Nereas ¡agg!
       Pues eso. Espero que hayáis sido buenos, y lo sigáis siendo. Y que os traigan muchas cosas. Y las que no, pues que os las podáis auto-traer, que es lo mejor. Y salud, mucha salud, y un poquito de amor, joé, que también ayuda. Y los que puedan disfruten del auto de los reyes magos entre huertas y limoneros y en Vianos, mis raíces, o de los niñicos visitadores de casas, previa limosna en mis queridas tierras murcianas, allá por Abarán.

    Hoy leí "guiso de abichuelas". Me puse malo, cambiando de tema. Por eso le pido a estos tres monarcas prestidigitadores, que por lo visto venían de Huelva o por ahí, y al parecer no vieron mula ni buey, un poco de ortografía, de armonía y de alegría.

  "ya vienen los reyes magos, ya vienen los reyes magos, caminito de Belén, olé olé y ¿Holanda? y olé"

miércoles, 2 de enero de 2013

ZARAGOZA

Comienza templetillo este nuevo año, en una de mis ciudades preferidas: Zaragoza, capital de Aragón, la antigua Cesaraugusta romana y santuario mayor del país. Porque hoy se conmemora la venida en carne mortal de la Virgen a orillas del Ebro, a confortar a Santiago y sus seguidores, dando lugar a la más importante epifanía mariana de la historia.
   Hoy, el sagrado Pilar no estará vestido por ninguno de los cientos de mantos ofrendados desde todos los lugares del mundo. La columna de jaspe, recubierta de plata seguirá horadándose por los miles de besos, porque no hay nada que deje más huella que un beso, cuando se hace con el alma, con el sentimiento. Un beso es una ofrenda, una entrega, una perla perdida...Y los besos del Pilar son tamién oraciones, promesas y esperanzas.
     Zaragoza me encanta. Sus populosas calles, sus recoletas plazas. Rincones como la plaza de Santa Marta, donde la cerveza fría hace maridaje con las más exquisitas tapas, sobre todo esas anchoas caseras que en ningun otro sitio probé. Ruta de la tapa en el Tubo, impresionante. Noches de bohemis en El PLata, risas y amigos. O la Catedral del Salvador, seo zaragozana de impresionante belleza y arte, eclipsada por la grandeza del templo metropolitano de las cuatros torres y las once cúpulas, simbolo iconográfico por excelencia de la ciudad. Plaza de Santa Isabel, barroco en piedra y oro. Puerta dfel Carmen, donde Agustina gestó la hazaña y la leyenda. Y el Portillo, y el parque de las Delicias, donde sonaron un día seguidillas manchegas y fandangos a la Virgen de los Llanos.
   Calles de Alfonso y Sancho. Arteria y vena del latir que en el Pilar tiene su sístole y diástole. Calle Mayor, buscando la Magdalena, con parada en el Fuelle, para comer el ternasco y las migas, regados con el Cariñena, recio y fuerte, como el cierzo, como el frío de estas tierras.
       Y la jota que suena y resuena. Nobleza baturra. Y por esa nobleza era obligado hacer hoy este post. Por merecido y sentido. Porque hay que volver a Zaragoza. Con alegría, con ilusión, a poner una vela en el quemadero de cera que ya no existe, pero que seguro recogerá el milagro del retorno, esta vez alegre y compartido.

     Atardece sobre el Ebro, y este empieza a guardar silencio; aquí la Virgen duerme, y con Ella yo sueño.
   Segundo del mes de Jano, el de las dos caras, el principio y el final. Suman trece sobre el dos mil, y ya no queda lugar para la ciencia ficción sino para vivir miles y bonitas realidades.