Hoy es el día de la escucha. Necesitamos escuchar, pero sobre todo ser escuchados. Porque cuando no tenemos a nadie que nos oiga, que nos comprenda o nos aconseje, incluso nos regaña, la soledad impuesta e indeseada arrasa con todo. Todos somos "teléfonos de la esperanza" de todos. Unas veces llamamos, otras nos llaman, bien en persona, mirando ojos y gestos, o a través del teléfono o de internet. Y much@s de vosotr@s lo sabesis bien, sobre todo en esas horas de madrugada, donde la confesión y la palabra compartida, son más de verdad, más sentidas, con la intimidad que da la noche, el silencio y tus cuatro paredes.
Escúchame. Escucharme. Prometo escucharos, pero necesito ser, sentirme escuchado. Porque sino terminaré hablando solo. Porque la palabra me es indispensable y el sentirme escuchado siempre te reconforta. Gracias a todos y todas que haceis diariamente que me sienta escuchado, aunque a veces no lo crea, aunque dude, pero tengo claro que es una de las pocas cosas que en esta vida son de verdad, ya que hay muchas que son solo un complicado teatro o farsa.
Escúchame que yo te escucho. Y así pasan los días, oyendo y hablando, sufriendo y amando, viviendo y muriendo. Escúchate templetiller@. Gracias por escucharme
martes, 15 de noviembre de 2011
lunes, 14 de noviembre de 2011
PALOS
Hay palos de la baraja. Oros y copas, que significan fortuna y riqueza, y bastos y espadas que son armas y negativo. Palos en cartón, todos igual por detrás, carta en la manga, sin saber muy bien jugarlas, ni descubrirlas.
Hay palos del flamenco. Alegres como las alegrías y bulerías, tristes como la soleá o la saeta. Cantes y cantos, siempre con un "jipío", un lamento, un grito y un palo en forma de bastón que marca el compás.
Hay palos de golf. No conozco ese deporte, todo en verde, tranquilo, con la fuerza que lanza la bolita por los aires, y a veces se pierde, y a veces acierta y entra en el hoyo.
Hay palos de vainilla. Orquídea comestible, de sabores de helados veraniegos, agradable y aromosos palos...
Hay palos de madera. Que a veces se caen los del sombrajo, y nos quedamos estupefactos, descorazonados...Vigas y soportes, que a veces la carcoma de las cosas pudre y parte, o hunde. Palos que marcan ancestrales danzas rituales, con ritmos sencillos y habilidosa ejecución, paloteos de mi tierra.
Hay palos de la vida. Del alma, del amor, del trabajo... de todas las facetas que componen esta travesía que a veces es tormentosa, y otras serena. Palos que hacen herida, moratón, que prolongan el dolor, y se van superponiendo, y aunque la marca cicatrice, se van acumulando, y se llega al "palazo",que es como un palo atravesado entre las ruedas, y nos hace pararnos, detenernos.
Suena el aire con fuerza en esta madrugada. Pienso en el Palo malagueño con sabor a verdiales o en Palos de la Frontera y su monasterio de la Rábida, que algún día veré o en Cabo de Palos, atardecer en Mar Menor, caldero sabroso en el extremo murciano.
Demasiados palos. Demasiadas madrugadas.
Hay palos del flamenco. Alegres como las alegrías y bulerías, tristes como la soleá o la saeta. Cantes y cantos, siempre con un "jipío", un lamento, un grito y un palo en forma de bastón que marca el compás.
Hay palos de golf. No conozco ese deporte, todo en verde, tranquilo, con la fuerza que lanza la bolita por los aires, y a veces se pierde, y a veces acierta y entra en el hoyo.
Hay palos de vainilla. Orquídea comestible, de sabores de helados veraniegos, agradable y aromosos palos...
Hay palos de madera. Que a veces se caen los del sombrajo, y nos quedamos estupefactos, descorazonados...Vigas y soportes, que a veces la carcoma de las cosas pudre y parte, o hunde. Palos que marcan ancestrales danzas rituales, con ritmos sencillos y habilidosa ejecución, paloteos de mi tierra.
Hay palos de la vida. Del alma, del amor, del trabajo... de todas las facetas que componen esta travesía que a veces es tormentosa, y otras serena. Palos que hacen herida, moratón, que prolongan el dolor, y se van superponiendo, y aunque la marca cicatrice, se van acumulando, y se llega al "palazo",que es como un palo atravesado entre las ruedas, y nos hace pararnos, detenernos.
Suena el aire con fuerza en esta madrugada. Pienso en el Palo malagueño con sabor a verdiales o en Palos de la Frontera y su monasterio de la Rábida, que algún día veré o en Cabo de Palos, atardecer en Mar Menor, caldero sabroso en el extremo murciano.
Demasiados palos. Demasiadas madrugadas.
jueves, 10 de noviembre de 2011
TENDIENDO LA ROPA
La ropa ya no se seca en la cuerda del tendedero. Aunque hoy salió el sol, no calentó lo suficiente como para ganarle la batalla a la humedad de las prendas. Hubo que tenderlas en radiadores ya en uso, parar poder traerlas a su estado. Y es que acabó el verano y el frío acecha...
A veces lo sencillo y lo natural no es siempre posible. Y en ocasiones, demasiadas tal vez, es necesario ayudar-se con medios más o menos artificiales, para poder, intentar arrreglar cosas que podrían ser fáciles de seguir su curso natural, su proceso, pero que ya, casi por norma, se complica o se tuerce.
Cojo las pinzas, y pienso en que no se vaya la mía propia, tan dada a irse-me. Estiro y muevo la cuerda chirriante que pareciese un tren, con camisas, camisetas y pantalones en vez de vagones. No corre el aire que no hace mucho te dejaba la ropa casi a punto. Como tantas otras cosas, costará todo más tiempo, mas esfuerzo...
Se me cayó un pañuelo al patio de luces. Habrá que molestar a la vecina y pedir que lo recoja. O lo mismo no, aunque siempre son necesarios los pañuelos para decir adiós, para secar lágrimas, para asomarlos al bolsillo de la chaqueta..
Me asomo a la ventana, al balcón, Aún no está todo seco, todo en orden. Con todo tendido, entre las cuerdas, mientras sigo esperando, sigo escribiendo, sigo viviendo, sigo muriendo...
A veces lo sencillo y lo natural no es siempre posible. Y en ocasiones, demasiadas tal vez, es necesario ayudar-se con medios más o menos artificiales, para poder, intentar arrreglar cosas que podrían ser fáciles de seguir su curso natural, su proceso, pero que ya, casi por norma, se complica o se tuerce.
Cojo las pinzas, y pienso en que no se vaya la mía propia, tan dada a irse-me. Estiro y muevo la cuerda chirriante que pareciese un tren, con camisas, camisetas y pantalones en vez de vagones. No corre el aire que no hace mucho te dejaba la ropa casi a punto. Como tantas otras cosas, costará todo más tiempo, mas esfuerzo...
Se me cayó un pañuelo al patio de luces. Habrá que molestar a la vecina y pedir que lo recoja. O lo mismo no, aunque siempre son necesarios los pañuelos para decir adiós, para secar lágrimas, para asomarlos al bolsillo de la chaqueta..
Me asomo a la ventana, al balcón, Aún no está todo seco, todo en orden. Con todo tendido, entre las cuerdas, mientras sigo esperando, sigo escribiendo, sigo viviendo, sigo muriendo...
martes, 8 de noviembre de 2011
SI VAS MISA POR VERME
..no vayas a la primera, ni tampoco a la segunda, que yo voy a le tercera"; así reza la primera copla de la malagueña de El Bonillo, que en las mañanas de los primeros setenta, servía de melodía de felicitación en aquellos discos dedicados, viejos discos de vinilo, en los que sonaba la voz quebrada y cantarina de la "hermana Timotea", porque en El Bonillo, hermano o hermana es como un título de don o señora, de las emisoras de Radio Popular o Radio Juventud, tan en boga en aquellos años huérfanos de móviles e internetes.
Viejos folklores de El Bonillo, entre la Sierra y la Mancha. Donde el profesor García Matos se volvió loco al ver esas jotas, seguidillas y malagueñas interpretadas espontáneamente, de punteados pasos "en un ladrillo", con los refajos tableados, el "saco o" o jubón, y el doble pañuelo en las mujeres, y el clásico y ancestral traje negro, fuera de chirriantes colores, que algunos ¿entendidos? en folklore con escasa formación, se empeñan en vender como lo de verdad, acompañado de la montera de piel de cabrito."estaban mis ojos hechos
a verte todos los días
y ahora se me pasan años
meses semanas y días"
Medias de rayas, mandil labrado. Postizas con madroños, aires de antiguos abolengos, iluminados con soles de atardeceres y llamas de candiles y capuchinas. Guitarras y laúdes destemplados en matanzas y bodas, pitos con los dedos, taconeo firme que marca el paso, cortejo sobrio, casi clandestino...
"el anillo que me diste
se lo dí a la carcelera
que me quitara los grillos
y la libertad me diera"
Viejas coplas, con letras vigentes: libertad, amores, prisiones desamores, quedadas. Malagueñas en la Mancha, viejas canciones y nuevas tonadillas. Hoy tocaba hablar de uno de mis primeros enganches con el folklore, en esta tierra mía que tan poco lo valora. Esos coros y danzas añejos de El Bonillo que pusieron Madrid en pie tantas veces, como los de la foto, de 1945, que ya ha llovido desde entonces. En blanco y negro...
viernes, 4 de noviembre de 2011
ECHO DE MENOS
Echo de menos que te asomes al balcón cuando voy a irme en mi coche
echo de menos mirarte embobado viendo como me cocinas, yo que ni para pinche sirvo
echo de menos quedarme dormido abrazado a ti en el sofá con el murmullo de la tele
echo de menos que me llames, llamarte, que me suene tu mensaje y pensar que te escribo en el mío
echo de menos despertarme con el beso del último sueño
echo de menos el no tener que echar de menos...
echo de menos mirarte embobado viendo como me cocinas, yo que ni para pinche sirvo
echo de menos quedarme dormido abrazado a ti en el sofá con el murmullo de la tele
echo de menos que me llames, llamarte, que me suene tu mensaje y pensar que te escribo en el mío
echo de menos despertarme con el beso del último sueño
echo de menos la sensación de esperarte y que me
echo de menos que me pidas que me quede a dormir
echo de menos que me cuentes cosas de la tía Leonor
echo de menos contar el tiempo para verte de nuevo
echo de menos el no tener que echar de menos...
jueves, 3 de noviembre de 2011
EN LOS MONTES DE NAVARRA
He visto árboles rojos. Como la bandera de Navarra, en la que reposan las cadenas de su reino. La contemplación del otoño en esta zona, hasta ahora desconocida para mí, ha sido un regalo, un disfrute, en la ciudad de los encierros por antonomasia. Perfecto collage de amarillos, naranjas, algún verde rezagado y sobre todo ese rojizo dominante de algunas copas, que desparramaban las hojas por el suelo de césped eterno como un mar plagado de troncos, de gentes, de vida...
Montes de Leire y Leizarán, carretera alante, carretera arriba. Montes de Navarra, donde dice la copla que el aire bambolea la flor que planté, esparciendo su olor. Impresionantes paisajes, tan distintos a los míos, aunque me venían recuerdos de álamos también amarillentos en los cañones del Júcar, allá entre la Recueja y Alcalá. Castillo de Javier, patria y santuario del Francisco misionero navarro, fortaleza de cuento en esta tierra de cuentos, leyendas y también realidades.
De lejos he divisado la Foz de Lumbier, impresionante cortado, canal corintiano en estas altas tierras, donde algún día quiero volver a no mucho tardar.
Parques de Mendillorri, bosque urbano de suaves laderas de este oasis tan cercano a la urbe, donde se escapan los colores de la paleta del pintor anónimo sobre las hojas y las ramas de esta tierra de enormes e interminables arboledas.
Vengo de los montes, yo que soy de los llanos. Vengo del otoño, yo que soy del invierno. Vengo de la alegría, yo que soy de la melancolía. Vengo de la compañía, yo que soy de la soledad.Y vengo de Navarra, de que la siempre hay que decir que no te vayas ¿verdad Melo?
miércoles, 2 de noviembre de 2011
MARIPOSAS A LAS ANIMAS
Noche de ánimas. Ayer todos los santos del cielo tuvieron su fiesta, incluidos los que no lo son y ni siquiera existieron. Los camposantos rebosan de flores frescas, y sus paseos de huellas de las personas que cumplen el ritual y la tradición de la visita anual y casi única a mausoleos y nichos, donde reposan millones de historias, de vidas, de almas.
Me fascinó de siempre el tazón de aceite en el que nadaban esas mariposas de corcho y cartón, y que las mujeres de mi casa ponían en estos dos primeros días del undécimo mes. Al igual que las velas, siempre me ha gustado el tintineante temblor de la llama, la mística y sobrecogedora iluminación de cocinas oscuras y vacías, que siempre también despertaron en mí, temblores y respetos.
Difuntos, muertas. La vida es morir y las cosas, al igual que las personas también se acaban. Hoy he empezado a morir un poco más, y tú y tú. Tal vez yo con un poco más de decepción añadida, tal vez tú con alguna angustia laboral nueva, o tú con un nuevo motivo de preocupaciones. Parece que estos días son de negro y de luto, aún con suavidad de tiempos y climas, y siempre necesitaremos una luz, o dos o tres, sobre todo cuando pensamos que vemos, y la claridad es fingida, una ilusión óptica o de cualquier otro tipo.
Empiezan a marchitarse los crisantemos. Día de los fieles difuntos...¡difícil eso de la fidelidad!, en casi todos los campos de esta complicada vida, porque aunque las personas tengamos esa virtud en estima, que pocas veces la disfrutamos, al menos en mi caso. Bien limpias las lápidas, se releen los epitafios, se cierran las verjas y el recuerdo activa a los que os dejaron, pero no del todo. Y ver si ya no vuelvo a mezclar el aceite y el agua, el deseo con la realidad, la ignorancia con la evidencia. A las ánimas benditas se lo pido.
Me fascinó de siempre el tazón de aceite en el que nadaban esas mariposas de corcho y cartón, y que las mujeres de mi casa ponían en estos dos primeros días del undécimo mes. Al igual que las velas, siempre me ha gustado el tintineante temblor de la llama, la mística y sobrecogedora iluminación de cocinas oscuras y vacías, que siempre también despertaron en mí, temblores y respetos.
Difuntos, muertas. La vida es morir y las cosas, al igual que las personas también se acaban. Hoy he empezado a morir un poco más, y tú y tú. Tal vez yo con un poco más de decepción añadida, tal vez tú con alguna angustia laboral nueva, o tú con un nuevo motivo de preocupaciones. Parece que estos días son de negro y de luto, aún con suavidad de tiempos y climas, y siempre necesitaremos una luz, o dos o tres, sobre todo cuando pensamos que vemos, y la claridad es fingida, una ilusión óptica o de cualquier otro tipo.
Empiezan a marchitarse los crisantemos. Día de los fieles difuntos...¡difícil eso de la fidelidad!, en casi todos los campos de esta complicada vida, porque aunque las personas tengamos esa virtud en estima, que pocas veces la disfrutamos, al menos en mi caso. Bien limpias las lápidas, se releen los epitafios, se cierran las verjas y el recuerdo activa a los que os dejaron, pero no del todo. Y ver si ya no vuelvo a mezclar el aceite y el agua, el deseo con la realidad, la ignorancia con la evidencia. A las ánimas benditas se lo pido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


