Primer viernes de cuaresma. En cinco semanas estaremos ya en viernes de Dolores, metidos de lleno en la semana que más me gusta del año, la que más me llena, la que más espero.
Como hice en el 2.012, cada semana de esta espera, dedicaré un post a diferentes imágenes de la Pasión. Devociones, admiraciones, emociones, de tallas que son parte de mi vida y mi esencia.
La Caída de Jesús de Murcia. Paso central del cortejo morado, que cada mañana de viernes santo desparrama barroco y color en la ciudad de las siete coronas. Tal vez el rostro de Cristo más bello que tallara Francisco Salzillo y Alcaraz, que hasta el apellido me gusta. Expresión del dolor, del perdón, de la fuerza...Jesús de la Caída mira hacia arriba con la más bellas y lastimera mirada de quien sabe que ya todo está cumplido. Pobre inocente torturado entres sayones, como tantas personas hoy en día son torturadas de las más variadas formas. Morada túnica que llevan mis mayordomos templetilleros Ris y Lady Renfe, para quienes el Señor implorante de cabellos al viento, es pilar de su fe y sus creencias, una tradición y un orgullo.
Al menos una vez en la vida hay que ver "los salzillos" en la calle. Yo ya lo he hecho en algunas ocasiones, aunque en otras, la lluvia inoportuna, y tan escasa en esta bendita tierra me privó de gozar de tan bella procesión. Tal vez por eso aún me gusta más, aún lo valoro más, aún tengo más ganas de revivirlo, Cristo de la Caída, que estás en los cielos, santificado seas siempre.

Jesús Caído de Córdoba. Una de las imágenes cordobesas por antonomasia. Señor de San Cayetano, que miras a la Soledad del Mayor Dolor que te sigue detrás en su palio, y a la madre de Montecarmelo que llena de fresco y gracia el julio cordobés. Cristo de los toreros, paradigma del Jueves Santo de la ciudad de mis amores, donde este día es el más córdobés, el de más personalidad propia ( Nazareno, Caridad, Esparraguero y Angustias ¡casi ná!)
Dulce rostro dolorido que parece decirnos algo, como "mírame" o "ayúdame". Oro y morado entre lirios y rosas, entre caoba y plata. Nunca deja indiferente cuando pasa por delante mirando a su derecha, donde le buscamos la mirada, mientras se apoya en la roca, caído, si caído, como tantos nos sentimos caídos en tantas ocasiones, por los suelos.
Cristo de los toreros. Diestros cordobeses que le siguen en silencio y compostura por las calles de la lejana y sola. Mantillas morenas, escapadas de los cuadros de Julio, enseñoreando la tarde del amor fraterno. Jesús Caído, ayúdame a levantarme y ayudarte con tu cruz, mientras sigo con la mía.